No me grites más mellizos de la duda,
que me duele el alma de dejar que me mientas,
una y otra vez,
una y otra vez.
Que desde mi balcón hoy el aire se respira
sabor chuchería de fresa,
con extraños rayos de luz que simulan
un morir contigo si te matas,
viajar al pasado.
Mátame si conmigo te mueres.
Soy yo,
insignificante hija de los libros
que ya nadie lee,
porque nadie entiende.
La que me columpiaba en tus brazos
cada tarde.
La que me imaginaba columpiando
otros brazos
que no fuesen los míos, ni los tuyos,
brazos que tan sólo fuesen de otra.
Shhh...
Es la hora de dormir.
¿No lo oyes?
El vacío se presenta ante nosotros,
es el final del principio
que todavía no ha comenzado.
La línea divisoria
se ha quedado en aquella cama
y la penumbra
se antoja caprichosa.
Shhh...
--BCÁ--

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