27/6/08

...y te escuchaba.


Me hablabas del movimiento de las hélices de aquel barco. Era negro, camuflado a mirada de otros transeúntes, en su mayoría hombres y mujeres deseosos de bajar los 3 kilos que creen que le sobran para poder lucir bañador este verano. Era un barco sospechoso que hasta los gatos de aquel refugio miraban expectantes, preparados para la búsqueda y captura de cualquier presa comestible a sus ojos. Me hablabas del tiempo y de la vida, contabas anécdotas que veranos pasados dejaban en tu recuerdo; me mirabas sin mirarme; no me tocabas. El barco se acercaba a nosotros y dejaba la mar revuelta a su paso, como un torbellino. Yo lo miraba y te escuchaba, y hablaba (...). Y tú no me tocabas pero me mirabas, como esperando que de mi boca fuesen a salir frases célebres que se perderían en el viento de aquella noche; pero yo no acertaba a decir nada con algo de sentido aritmético. Mis pensamientos estaban más desordenados que nunca y eso me asustaba. Y de pronto dejaste de mirarme y me tocaste, quizá sin darte cuenta. Y detuviste el tiempo, quizá sin darte cuenta. Quizá para siempre.


--BCÁ--

1 comentario:

ŁıĐįĄ ßãŌ dijo...

Enhorabuena por esta mezcla de palabras.